Cosas-que-acabas-haciendo-si-te-quedas-una-semana-seguida-a-solas-con-tus-hijos (IV y última)

Ultimo post de la serie, que toca volver al trabajo. Pero si se trata de volver, entonces ahí está algo al que nunca me canso de volver, una y otra vez: ese placer inconmensurable de mi niñez que fue el LEGO. Y ver cómo entre las manos de mis hijos (y en las mías, no nos engañemos) se va uniendo año tras año, irremediablemente, a esa otra presencia indeleble en mi vida que es Star Wars. Vi en el cine “A New Hope” con mi padre en 1977 y todavía me acuerdo de ese día como si fuera ayer: 42 años ya de convivencia con esa saga. Y ahora, literalmente, Imperio y Resistencia invaden nuestra casa… Con la pequeña curiosidad que hacer y rehacer estas naves de LEGO, con las que creo disfrutar yo aún más que ellos, es la única actividad en mi vida en la que no siento la necesidad de buscar la originalidad. Tocando, escribiendo, dando clases, viajando, planificando cualquiera de mis actividades, siempre siento que no sería yo si no lo hiciera todo “a mi manera”. Aquí, poner la pieza exacta en el lugar exacto es el mayor de los placeres (tanto que a veces entiendo un poco al padre protagonista en la sombra de “LEGO The Movie”… ¡qué gran metáfora, ese filme!). A veces incluso me entra la duda: ¿no estará asomándose ahí mi verdadero yo conformista? En realidad, lo veo sobre todo como un pequeño mecanismo de compensación, una forma de concebir ese juego como un espacio de relajación mental, pero la sensación no deja de sorprenderme. Y, por si acaso, ahora mismo voy a dedicar unas horas, hoy que por fin puedo, a esas actividades en las que tanto disfruto trazando caminos no convencionales. ¡Mis inVersions necesitan atención!

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